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jueves, 3 de enero de 2008

Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzman-CRAG 1985




Tengo bien reciente un concierto –por fin- al que acabo de ir para ver en directo, en la sala Segundo Jazz, a Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Lo cierto es que pasé gran parte de la velada en un estado, medio de ensoñación, medio alucinatorio y no precisamente por las cervezas que me había tomado, sino porque me parecía mentira que aquello se estuviera produciendo, ahí, delante de mi, los cuatro CRAG, tan cerquita y tan sonrientes, rodeados de gente que se sabía todas sus canciones. En fin, un encantador sueño cumplido que disfruté muchísimo, acompañado de mis buenos amigos Chema Lara y Víctor Alfaro

Pero como este blog es de reseñas de discos no voy a comentar el concierto, sino uno de sus discos, que aunque es de 1985, se trata realmente del último que grabaron juntos los cuatro. El año anterior se grabó el segundo, siendo el primero "Señora Azul", el gran mito. El que hoy nos ocupa tiene por título precisamente "CRAG 1985" como el año en que se grabó, siendo producido por el propio cuarteto y José A. Alvarez Alija, con un sonido muy acorde con los años en que se grabó, con percusiones electrónicas, programaciones, sintetizadores etc pero también con pianos y guitarras de las de siempre.

01.- Necesito tenerte
02.- Le recomiendo
03.- Elizabeth
04.- Nada que ocultar
05.- Igual que una noria
06.- Rafa
07.- Espejito mágico
08.- ¿Dónde estás?
09.- Culpable
10.- 1985: los blues

Así a bote pronto diré que, pese a lo angelical de sus melodías, y pese a lo suave y elegante de sus voces, el contenido es lo que hoy decimos políticamente incorrecto. Ja, ja, ja, que tíos, algún diablillo burlón debió de inspirarles estas maravillosas canciones. La primera es una bonita canción de amor con aires muy pop, pero la segunda, por ejemplo, es una invitación al adulterio, así, sin tapujos.

"Le recomiendo echarse al aire una cana,
Seguir viviendo, sin esperar a mañana;
Y no le importe el típico vituperio.
Cambie el rumbo: ¿ha probado el adulterio?"

La tercera constituye un canto a la eutanasia en toda regla; a la eutanasia y a la libertad de elegir el propio destino. La cuarta, una comprensiva declaración de apoyo hacia la homosexualidad... la sexta habla de un personaje peculiar que encima es un cantautor sin futuro, ja ja, estos CRAG no dejan de sorprenderme. Un par de canciones dedicadas a la soledad y después una dedicada a un ser humano absolutamente marginal, de esos que viven intensamente el día a día en las infernales subculturas, o mejor dicho -infraculturas- de las drogadicciones. Y por último, y no por ello menos interesante, que diría un anglo, un blues dedicado a un mediocre perdedor con tendencias suicidas (o al menos esa es mi lectura de la letra).

Increíble muestrario de figuras periféricas y a veces excéntricas de esas que pululan por nuestra vida y nuestra sociedad y a las que la mayoría de las veces no prestamos la atención que se merecen. Chapeau! Maestros, amigos de CRAG, chapeau! Os deseo que sigáis como siempre, dándole vueltas a la cotidianeidad, a nuestro día a día "igual que una noria". Y por favor, ¡grabad más discos!!!!.

abuineitor

miércoles, 4 de julio de 2007

Cecilia-Un ramito de violetas



En una reciente entrada en este blog sobre la estupenda cantautora María José Hernández, decía Francisco Espinosa que en España existen y han existido pocas cantautoras, y que, las que hay, no alcanzan o alcanzaron un excelente nivel por lo general, comparadas con sus pares, los cantautores. Cuando leí esto, rápidamente pensé para mí: “puede ser... excepto Cecilia claro” (bueno confieso que también pensé en Elisa Serna y en las Vainica Doble pero estas últimas son otra historia, además, a ellas les gustaba que las consideraran ¡rockeras!). Y pensé esto, porque en mi opinión no ha habido -ni aun hoy hay- ninguna como ella, tan elegante, sencilla y seductora en todos los sentidos, y con tanta sagacidad, perspicacia y ternura escribiendo canciones.

No voy a contar la vida de Cecilia, ni quién era, ni hablaré de su lamentable muerte. Primero porque creo que es de sobra conocida y segundo porque prefiero centrarme en su breve manda musical, que es lo que cualquier artista –de los de verdad- desea, esto es, ser recordado por sus obras, no por sus yates.

Publicó Cecilia su tercer vinilo en 1975 con el mismo título de la que ha sido su canción, que también se incluía en el disco, más famosa: “Un ramito de violetas”. Este disco supuso un gran reconocimiento popular y en gran medida su consagración tras “Cecilia” su primer lp de 1972 que incluía su primer gran éxito “dama, dama” y su segundo lp del año siguiente “Cecilia 2” menos conocido. La producción del disco estaba arreglada, dirigida, por el conocido músico Juan Carlos Calderón con quien, por cierto, iría poco después al festival de la OTI representando a España con “amor de medianoche” quedando en un dignísimo segundo lugar. De esta producción y sus arreglos solamente diré que es muy buena, como no podía ser de otro modo estando Calderón detrás, y que las soberbias canciones se enriquecen con la distinguida instrumentación, muy orquestal y generalmente apropiada al tema, salvo quizás por esos mariachis de “mi querida España” que a mí personalmente me chirrían un poco.

Títulos:

1. Mi querida España
2. Decir adiós
3. Sevilla
4. La primera comunión
5. Nuestro cuarto
6. Esta tierra
7. Mi pobre piano
8. Un ramito de violetas
9. Don Roque
10. Tu retrato

Las canciones de este disco siguen la línea de otras canciones publicadas anteriormente y ahondan en los temas favoritos de Cecilia, como la descripción de un país –el nuestro- y de sus personajes más característicos y descompuestos, que ya en los años setenta, cuando son escritas, constituyen un anacronismo. Quizás en esta manera de escribir, de elegir los temas, tenga que ver el hecho de que nuestra admirada cantautora pasó su infancia viajando por el mundo (era hija de diplomático) y así pudo adquirir una visión cosmopolita y sutilmente crítica de lo que estaba pasando en nuestro país.

Destacan composiciones como “mi querida España” o “esta tierra” donde se habla de España siempre con amor; con referencias, creo, en la primera, al triste suceso bélico del 36, a lo que parece, uno de los temas que más la obsesionaban y dolían, y, con esos ambiguos versos en la segunda que tanto me impresionan cada vez que los escucho:

“Y yo, que no tengo patria ni bandera
Me moriré de pena si muere esta tierra.”


Otra gran canción, es “Sevilla”, con una letra que es un estimable poema (una especie de romance con muchas libertades en la métrica) y cantada con una gran dulzura y afección. También son dignas de ser señaladas “la primera comunión” (nada que ver con la popular copla de Juanito Valderráma, pues se trata ésta de un compacto retrato costumbrista) y “Don Roque” que hablan de esa España profunda y de sus añosos personajes protagonistas de lo cotidiano de que hablábamos más arriba, que tan bien pintaba Cecilia con su voz.

Por supuesto también incluye el disco su mayor éxito, como dijimos, que es la inevitable “un ramito de violetas”, una hermosa y cabal canción, que cuesta escuchar sin prejuicios por lo tan conocida que resulta, tanto en la versión de la propia autora como en la de las versiones que se han hecho por otros artistas. Personalmente creo que la gran popularidad de esta canción ha hecho más mal que bien a la figura de Cecilia porque ha impedido que sean escuchadas y admiradas muchísimas otras tan sobresalientes como ésta, pero en fin, es lo que hay.

La portada del disco (afortunadamente es fácil de encontrar porque está editado en cd por Sony) fue dibujada por la propia Cecilia así como los dibujos que ilustran las canciones en el interior (que por desgracia en la edición en cd que tengo no están) que gustaba de pintar en un estilo naif muy colorista y con bastante gracia y donaire.

En fin, que retomando el inicio de este comentario o reseña, me gustaría acabar repitiendo lo que dije, es decir, que hemos tenido al menos una cantautora de altísimo nivel, Cecilia, solamente comparable, a mi juicio, con autores de la calidad de Serrat, por ejemplo, con quien por cierto creo que hay una gran cercanía y semejanza de estilo; y aún diría más: Cecilia es incluso más completa que nuestro querido maestro cantautor catalán, en tanto en cuanto que su voz fue, y todavía es, gracias a la magia del disco, mucho más atrayente y cautivadora, puro sortilegio musical.

abuineitor

martes, 19 de junio de 2007

Carlos Montero- Lo mejor de Carlos Montero



Hace un par de semanas se presentó el tercero de los libros “…Y la palabra se hizo música. La canción de autor en España”, de Fernando González Lucini, dedicado en este caso a aquellos cantautores que, aún habiendo nacido en Latinoamérica, tuvieron una importancia decisiva en los creadores españoles del género. En el texto, se hace especial referencia, como es de suponer, a aquellos que viajaron a España, por motivos bien políticos o de intentar hacer una carrera en nuestro país, o mezclados ambos.

Estudia Lucini en el libro la obra de cantautores como Claudina y Alberto Ganbino, Quintín Cabrera, Rafael Amor, Carlos Montero, Olga Manzano y Manuel Picón, Alberto Cortez, Indio Juan, Pony Micharvegas, Omar Berruti, Gonzalo Reig y algunos más, que siendo originalmente de Argentina, Chile o Uruguay desarrollaron su carrera en España. Coincidieron los presentadores del libro en la SGAE, que esta edición es un acto “de justicia”, porque viene a reconocer el carácter español de estos cantautores, que desde que llegaron se integraron en lo que se estaba haciendo aquí, participaron en conciertos conjuntos, cantaron, colaboraron y compusieron con artistas españoles y, en definitiva, son parte integrante de la canción española.
Un acto de justicia, además, porque si el olvido de los poderes públicos, mediáticos e industriales fueron en ciertos momentos crueles con los cantautores españoles, lo fueron aún más con los procedentes del otro lado del Atlántico. A ellos se les negó el pan y la sal y en los últimos años se han visto sometidos a un doble extrañamiento: el de los países de los que proceden y de los que tuvieron que emigrar o exiliarse porque les perseguían como ciudadanos, y el del país en que se integraron como una parte más de su cultura, que les ha rechazado como artistas.
Por eso es para mí un acto de respeto, admiración, justicia y cariño escribir en esta página, dedicada a los cantautores españoles, de uno de ellos, quizás uno de los más destacados creadores que ha dado la música latinoamericana en nuestro país. Se trata de Carlos Montero, cuyos trabajos alrededor del tanto constituyen una refundación del género original, revolucionaria y de una calidad absoluta.

Nacido en Buenos aires en 1938, Juan Carlos Zamboni, verdadero nombre de Carlos Montero, estudió guitarra clásica y se integró desde niño en el mundo del folklore argentino. Llegó a Europa en 1959 formando parte de una compañía folklórica en la que también estaba Alberto Cortez, y en 1964 se instaló en España. Desde my pronto se integró en la música española como arreglista e instrumentista en discos de Aute (entre ellos esa obra maestra que es “24 canciones breves”), Mari Trini, Adolfo Celdrán, Patxi Andión, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Carlos Cano, Gontzal Mendibil y muchos más.

Su trabajo creativo propio lo inició en 1961 con el disco “De la huella” (Movieplay), todavía en el terreno del folklore, donde cantó temas compuestos sobre textos del excelente poeta argentino, también residente en España, José Alberto Santiago y uno de Patxi Andión. Tras dos discos del mismo estilo, ambos excelentes, como el primero, en 1973 grabó “Tangos a mi manera” (Movieplay), que supuso una auténtica revolución en el tango, por desgracia sin apenas trascendencia en el género y sin discípulos, que bien merece considerarse como lo más importante sucedido en la música porteña desde la aparición de Astor Piázzola.

Si el bandoneonista hizo avanzar el tango mediante una evolución formal y musical marcada por el acercamiento al jazz y a ciertas expresiones de la música clásica, el camino tomado por Montero fue distinto. Él decidió fijar la vista en el tango clásico, de finales de los años 20 a los 50, fundamentalmente, para hacer una relectura radical desde el parámetro de la canción de autor. Es decir, convirtiendo ese “pensamiento triste que se baila”, que dijera Discépolo, en una especie de “pensamiento profundo que se escucha”. Para ello, Carlos Montero, sacó a primera línea las letras del tango, que –pese a la grandeza de sus cantantes-- habían estado escondidas bajo la preponderancia de los arreglos orquestales, y mostró a quien quiso oirlo la perfección de sus estructuras, la belleza de sus metáforas, la sabia utilización del lenguaje popular, la profundidad de los sentimientos que narran, la hondura de los personajes que retratan y el concepto del mundo y la vida que expresan.

Además, la desnudez de la guitarra que utiliza habitualmente como único acompañamiento, aunque también haya introducido a veces saxos o bandoneones en alguno de sus discos, no es, contra lo que podría parecer, una limitación musical. Carlos Montero es tan excelente guitarrista, que en sus manos el instrumento (toca una guitarra especial de ocho cuerdas y una caja algo mayor de lo habitual que se hizo fabricar especialmente) es capaz de conjugarse perfectamente con las letras para extraer y acentuar todas sus posibilidades expresivas. Así, puede marcar las armonías, puntear las melodías o establecer contratiempo y diálogos musicales que alcanzan una categoría artística poco común.

Se podría recomendar cualquier de la casi una decena de discos que ha dedicado a dar su propia “manera” a los tangos, reinventándolos en cada ocasión, pero para muestra vale un botón y bien está escuchar “Lo mejor de Carlos Montero”, que el sello de RNE publicó en el año 2000.

CANCIONES

1.- CAMBALACHE (Enrique Santos Discépolo)
2.- EN ESTA TARDE GRIS (José Mª Contursi / Mariano Mores)
3.- EL DÍA QUE ME QUIERAS (Alfredo le Pera /Carlos Gardel)
4.- INFAMIA (Enrique Santos Discépolo)
5.- MALENA (Homero Manzi /Lucio Demare)
6.- MADRESELVAS (C. Amadori /Francisco Canaro)
7.- QUIERO VERTE UNA VEZ MÁS (José Mª Contursi /Mario Canaro)
8.- GARUA (Enrique Cadícamo / Anibal Troilo)
9.- EL CORAZÓN AL SUR (Amalia Blázquez)
10.- MELODÍA DE ARRABAL (Alfredo Le Pera –Mario Batistella /Carlos Gardel)
11.- MARIA (Catulo Castillo /Anibal Troilo)
12.- CRISTAL (José Mª Contursi / Mariano Mores)
13.- SUR (Homero Manzi / Anibal Troilo)
14.- NOSTALGIAS (Enrique Cadícamo /Juan C. Cobían)
15.- LA ÚLTIMA CURDA (Cátulo Castillo /Anibal Troilo)
16.- ¿QUÉ VACHACHÉ? (Enrique Santos Discépolo)
17.- NINGUNA (Fernández Siro / Homero Manzi)
18.- AL MUNDO LE FALTA UN TORNILLO (Enrique Cadícamo / José M. Aguilar)

El disco no tiene desperdicio, como todos los suyos, pero son especialmente recomendables algunas obras maestras del género, como “El día que me quieras”, “Malena”, “Garúa”, “Sur”, “Nostalgias”, “La última curda” o “¿Qué vachaché?”. Es decir, casi todas, porque no quiero cerrar esta recomendación sin destacar los dos tangos que abren y cierran la grabación: “Cambalache” y “Al mundo el falta un tornillo”, cuya situación en el CD son ya una declaración de principios. Se trata, quizás de los dos tangos que mejor expresan una crítica dura y descarnada a la sociedad en la que se hicieron, a finales de los años 20, y que, pese a la distancia, siguen siendo de una actualidad dolorosa.

Desde el “Qué el mundo fue y será una porquería / ya lo sé… / en el quinientos seis / y en el dos mil también…”, con que empieza “Cambalache”, hasta ese “…Al mundo le falta un tornillo, / que venga un mecánico / pa’ ver si lo puede arreglar”, que cierra el disco, está toda la filosofía vital y toda la belleza de un género, el tango, y las de un artista, Carlos Montero, argentino y también español. Reivindiquémoslo como nuestro, que saldremos ganando.

Antonio Gómez

lunes, 18 de junio de 2007

Carlos Cano-Algo especial



Este disco fue grabado en el Teatro Monumental de Madrid en noviembre de 1994, se trata de la grabación en directo de un concierto, se publicó en 1995. El nombre de este trabajo, como el propio autor explica en el libreto del CD, se refiere al color de su sonido, sin embargo se convirtió en algo muy especial, sobre todo para él, pero también para sus admiradores, ya que lo terminó justo antes de que un aneurisma de aorta lo pusiera entre la vida y la muerte.

Afortunadamente, en aquel momento ganó su batalla, sobrevivió, o más bien, volvió a nacer, y lo hizo en Nueva York, provincia de Granada. De ello queda constancia en una canción que es un canto a la vida, y que publicó en su siguiente disco “El color de la Vida”. En la canción “Habaneras de Nueva York” explica esta historia a su manera, a la manera de un artista andaluz, empieza con estrofas llenas de ternura poética:

“Nací en Nueva York, provincia de Graná una noche de luna
….mi pobre corazón de tantos desengaños se paró,
por culpa del amor yo nací en nueva York
….hoy se que lo primero es decirle a la vida que la quiero”


y acaba mezclándola con la ironía disfrazada por la guasa propia de mi tierra, y que Carlos Cano tanto utilizaba para hacer entender esta particularidad nuestra, de disfrazar las penas con la alegría, de aparentar que nos tomamos la vida a broma:

“Oigan señores, un momento, aquí se acaba el cuento.
De todos me despido, les quedo agradecido.
Adios “gus vai” me voy pa mi “house”.
Saltando de alegría. ¡Viva la cirujía!
¡Que potra! ¡Vaya suerte! Contenta va la gente.
Moviendo las caderas se acabarán las penas.
Pa tí pa mi lo que pasó. Pa tí pa mi que situación…”


Cinco años mas tarde, esa enfermedad le ganó la partida, fue el 19 de diciembre del año 2000, nunca olvidaré el momento en que escuché la noticia por la radio, no me lo podía creer. Carlos Cano fue nuestro mejor embajador, él mostraba por todo el mundo la Andalucía en la que yo creo, la de verdad, no la que se enseñamos a los turistas. Formaba parte de mi vida porque crecí y sigo viviendo escuchando sus canciones, desde las primeras, la “Verde y blanca”, “El Salustiano”, “Viva la grasia de Andalucía…con pasaporte de emigración” hasta las últimas, publicadas, ya desgraciadamente, como homenaje de sus compañeros de profesión, bajo el nombre “Que naveguen los sueños”.

No he podido hablar del contenido de este disco, “Algo Especial”, porque especial es toda la discografía de Carlos Cano. Este comentario es mi pequeño homenaje particular al artista. Pongo al menos las canciones incluidas en el CD, y solo me paro en una de ellas, creo que de las menos conocidas, una canción delicada, “De color rosa”:

“Quiero color rosa de la tarde
aquel aniversario de Jonh Lennon
decirte vida mía por ejemplo:
La soledad no existe es un rumor,
una sombra, una duda, una quimera,
(toca madera) una superstición,
esa noche de amor que nunca llega,
otra salida para la canción”.


Canciones:

1. Voz presentación
2. Elisa
3. La estrella perdida
4. Me llaman sudaca
5. De color rosa
6. La Metamorfosis
7. Que desespero
8. Romance a Ocaña
9. Mi refugio son tus ojos
10. La bien pagá
11. Habaneras de Cádiz

Mª Gracia Correa

miércoles, 18 de abril de 2007

Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzman-Señora Azul



Si se me permite, es éste un disco de culto. En gran parte esto es debido a la discontinuidad guadianesca de CRAG como grupo, que, cual ave fénix, acostumbra a resucitar cada diez años o así. Eso sí, solamente en parte, porque la razón de fondo reside en que este grupo nunca ha disfrutado de un éxito mayoritario, aunque, a cambio, constituye uno de esos pocos conjuntos idolatrados por sus seguidores y que, además -misteriosamente- logran en un tris que nuevas generaciones de admiradores les busquen un lugar privilegiado en su corazón. Y yo soy uno de esos.

A casi nadie se le escapa que estos cuatro grandes músicos tomaron como modelo a Crosby, Stills & Nash (& Young). Y tanto es así, que hasta parecen haberse dejado influir en su estética (¿no se parecen los bigotes y patillas de Cánovas a los de Crosby?). Como los anglosajones, los cuatro eran músicos experimentados y muy solventes. Así, Cánovas había tocado la batería con los progresivos Módulos, un grupo buenísimo por cierto; Adolfo, había sido guitarrista y vocalista de Los Iberos; Rodrigo provenía de los míticos Pekenikes; Guzman (junto a Rodrigo) acababa de dejar Solera... Vamos que sabían perfectamente lo que se hacían cuando en 1974 sacan este "señora azul" con la entonces pujante discográfica Hispavox. Sin embargo, como ya he dicho arriba, no obtuvieron un gran éxito (era la época del "Eva María" y de "un rayo de sol") aunque sí unas muy buenas críticas, quizás porque se adelantaron a su época con una propuesta distinta y sobre todo muy inteligente. Por eso, pese a la buena acogida de la crítica, según he leído, acabaron reciclándose como músicos de la banda de Karina.

Estos son los títulos de las canciones:

1.- carrusel
2.- sólo pienso en ti
3.- el río
4.- don Samuel Jazmín
5.- si pudieras ver
6.- nuestro problema
7.- buscando una solución
8.- supremo director
9.- María y Amaranta
10.- el vividor
11.- señora azul

Me gustan mucho las más conocidas: "sólo pienso en ti", una preciosa balada folk cantada y escrita por Rodrigo, o "señora azul" esa canción de la que siempre se ha dicho que era una crítica a la censura franquista, teoría que los miembros de CRAG siempre han tenido que desmentir, porque se trata de una simple crítica a los críticos -valga la redundancia- prepotentes, pero que también es una gran canción -sin más- dónde se destapa, por ejemplo, Cánovas (el batería) con una voz negroide increíble al final de la canción. También hay sitio en este lp para hacer crítica social o mejor, costumbrista, en temas como "don Samuel Jazmín" o "si pudieras ver" o "el vividor". Y luego está ese dulce atrevimiento, dada la época, de "María y Amaranta" sobre una historia de amores lésbicos.

Cuando se habla de este disco a menudo se alaban las canciones, como yo acabo de hacer, pero también es costumbre obviar el trabajo del muy popular entonces Rafael Trabucchelli, productor y director musical del proyecto. Los arreglos y la producción son excelentes y muy variados. Desde el saltarín sintetizador del primer tema, o el elegante arreglo de cuerdas de "sólo pienso en ti", pasando por xilófonos, pianos, guitarras slide o los triunfales vientos de "señora azul" la paleta sonora resulta variada y muy bien traída, según yo lo veo. Trabucchelli fue un productor fundamental en la música de nuestro país -responsabilidad suya fue el éxito del "himno a la alegría" que cantó Miguel Ríos- especialmente en la década de 1965-1975, fraguando en los estudios de la compañía Hispavox en Madrid, lo que se dió en llamar el "sonido Torrelaguna" (por la calle en que estaban situados, cerquita de casa de mis padres por cierto, yo siempre miraba el edificio de Hispavox con una mezcla de miedo y respeto total) o "sonido Trabucchelli", para lo cual se ayudó de músicos de la talla de Waldo de los Ríos.

Para acabar, me gustaría cerrar este capítulo musical con una referencia a lo que en mi opinión es posiblemente lo mejor del disco. A saber, el gran talento y el buen gusto demostrado a lo largo de toda la grabación por Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán en los arreglos vocales y por supuesto en la interpretación de los mismos. "don Samuel Jazmín" o "señora azul" sirven de ilustración a lo que digo. Qué pena que cosas así ya no se hagan en este país.

abuineitor

jueves, 29 de marzo de 2007

Carlos Chaouen-Maldita




"Voy caminando comiendo primaveras,
se que cada mañana es una mañanita nueva,
me arrastro por el suelo, como una culebra,
se que cada sol es una bruja hechicera,
vístete que tengo prisa, voy a pillar setas al parque,
además de tomar aire, necesito tomar parte (...)"


Así empieza este cancionero cuya fecha de edición es el año 2000. No podía comenzar mejor el nuevo milenio en cuanto a música de autor se refiere. Para mi este disco fue mucho más que una grata sorpresa: fue toda una revelación. Recuerdo que era otro cantautor Marwan quien me contaba siempre maravillas de Carlos Chaouen (gracias por cierto Marwan) hasta que un día en una tienda de discos vi éste y me dió por comprarlo así, a ciegas. Qué pedazo de álbum. Si exceptuamos la portada que no me dice mucho, vaya colección de temas. Y vaya letras, y vaya voz y vaya interpretación de las canciones; y qué producción, tan comedida y elegante (Miguel de la Vega y Tato Icasto, este último llevando además a cabo un fino trabajo de teclados que, junto con Luis Dulzaides -percusiones- son mis dos músicos favoritos del disco).

Los temas son:

1.- Necesito de la luz
2.- Maldita
3.- Carita de pena
4.- Seré
5.- Impertinente
6.- Dentro de ti
7.- Gorda o flaca
8.- Siempre quieres más
9.- Vale la pena
10.- Mi habitación en tus pupilas
11.- Vente

Ya los acordes iniciales de la guitarra acústica de la primera canción acompañando los primeros versos de Carlos te ponen en antecedentes de todo lo que viene después: emoción, delicadeza y urgencia, versos dolientes, amor a raudales, erotismo y psiquismo, paraísos artificiales; el cristianismo y/o la religión como metáforas de lo poético y de la vida; promiscuidad verbal, mordacidades y otras generosas filosofías personales que logran traspasar como si nada los exiguos límites de lo terrible y de lo humano.

Me resulta difícil destacar canciones porque el nivel es muy elevado. Pero por mojarme un poco citaré la primera, porque fue mi puerta de entrada al abierto universo chaoueninano. También "carita de pena" porque es una canción tremenda y el verso que dice "todos los caminos llevan a Roma, pero pasan por tu casa" es sencillamente genial. "Mi habitación en tus pupilas" es jamón de pata negra, y "vente" una canción superlativa y hermosa hasta más no poder.

Carlos, si no me equivoco, vino de la mano de la generación de Ismael Serrano, Antonio de Pinto, Quique González, y muchos otros cantautores que empezaron a oirse a finales de los años 90. Qué buena cosecha pardiez, qué buenas añadas aquellas. Carlos Chaouen es a mi juicio uno de los mejores y más interesantes de esa generación, aunque como cantautor resulte un poco atípico. Pero es que, encima, es un gran tipo. No se le puede pedir más.

abuineitor