viernes, 23 de enero de 2009

José Córdoba-Estado Natural


Nunca estaremos seguros si en este caso la rana se convirtió en príncipe o fue el príncipe quién se convirtió en rana. Digo esto porque conozco gente que piensa que “El Chivi” era el príncipe, aunque otros pensamos que el príncipe es José Córdoba.

Aquel muchacho que en 1995 comenzó a escribir canciones, influenciado por la canción de autor que escuchaba en su casa, que unos años después se convirtió en “el pornoautor”, un conocido personaje, sobre todo en el mundo de Internet, al final ha vuelto, ya de mayor, de nuevo aferrado a sus orígenes “cantautoriles”.

En este nuevo disco que hoy estamos tratando, José Córdoba demuestra una vez más que es un excelente letrista, que tanto como cantautor o como pornoautor siempre ha sido un maestro a la hora de esculpir palabras, en el arte de rimar las ideas. Un disco en el que nos encontramos a ratos un agudo crítico, a ratos un romántico poeta y a ratos un observador de la realidad. Giros inesperados, rimas atrevidas y comparaciones ingeniosas se aferran a las notas de las canciones, sencillas como el espíritu del poeta, como el alma del trovador.

Catorce canciones que nos regala el padre de la expresión “besos postizos”, la mayoría cercanas a las temáticas de amor, algo normal viniendo de donde viene, aunque sin hacer ningún asco a temas más sociales, que nos rodean en nuestro día a día, que forman parte del atrezzo de nuestras vidas, como es el caso de la canción titulada “recuerda”, donde nos habla del Alzheimer.

Rumbas como “Huelga de licántropos” o baladas “tradicionales” como “Toda la ternura que te debo” hacen de “Estadio natural” un disco completo, un disco variado, eso sí, todo inmerso en el estilo inconfundible de José

Las músicas no van a la zaga de las letras, con un aire un tanto “sabinero” (algo ya habitual en él), unos arreglos muy serios, que encajan como un guante en las melodías. Rodeado de un buen elenco de músicos que nos sumergen en un cuidado ámbito de sonidos y sensaciones.

Las canciones son:

1- La tierra prometida
2- Estado natural
3- Antagoneros
4- Recuerda
5- La mala vida
6- Por el filo
7- Mentira
8- De lo más alto de la alta torre
9- Mi vida al revés
10- Huelga de licántropos
11- Toda la ternura que te debo
12- Nervioso
13- Abracadabra
14- Pulgarcito

En resumen, estamos hablando de un disco que “se deja escuchar” bastante bien, de esos que te quedas con ganas de volver a escucharlo. Os lo recomiendo.



Francisco Espinosa

lunes, 3 de noviembre de 2008

Luis Eduardo Aute-Entre amigos


Dándole vueltas a los discos perdidos traigo aquí uno de ellos; un disco que desde luego yo nunca perdí; que guardo con gran cariño y con un poquito de nostalgia. Hablo de un vinilo, un doble álbum con su carpeta, con sus letras en cartulina aparte, y con ese sonido tan particular que ahora ya no es admisible y que le da un encanto especial. Un atractivo que además se amplifica por el efecto de estar grabado en vivo; por ser la reunión de grandes músicos que acompañan a uno de los mejores cantautores que tenemos y que así le dan título al álbum: Entre Amigos de Luis Eduardo Aute.

Fue editado por Movieplay en 1983; todas las canciones compuestas por Luis Eduardo Aute, a excepción de cuatro, cada una de las cuales, de la manera más elegante y cortés, va encabezando las caras de ambos discos.

Reproduzco aquí el texto que el autor escribe en el interior de la carpeta:

“Este disco se grabó el 4 de marzo de 1983 en el teatro Salamanca de Madrid con el ánimo de reunir en un solo disco- en este caso dos- algunas de mis canciones más conocidas, desde las primeras hasta las más recientes, tal como suenan en directo, por una simple necesidad de hacer recuento y punto y aparte. En alguna etapa de la preparación del proyecto, también sentí la necesidad de reunir para este concierto a los compañeros de la canción, que por diversas razones, más quiero y admiro. Con cada uno de ellos he compartido momentos muy significativos de mi vida que aún permanecen vivos en mi memoria, como así sus voces en este disco”

Quizá la publicación de este concierto fue un punto y aparte, pero esas canciones siguen muy vivas y actuales, perduran con la misma fuerza que tenían hace 25 años, tal como aparecen en ese disco. Muchas de estas canciones fueron recogidas de nuevo en un doble CD, que lleva por título “Autorretratos”, publicado 20 años después. También muchas de ellas han servido para rendirle un homenaje al cantautor en un disco que se llama “Mira que eres canalla, Aute!” publicado en 2000, y donde otros artistas ponen sus voces al servicio de las canciones de Aute. Además de los que le acompañaron en “Entre Amigos”, es una delicia escuchar las versiones presentadas, entre otros, por Pedro Guerra, Leon Gieco, Jorge Drexler, José Mercé, Rosendo, Ismael Serrano, Javier Álvarez.

Y volviendo a “Entre Amigos”, es un trabajo con múltiples encantos, entre ellos está el poder escuchar a L. E. Aute cantar canciones emblemáticas de sus compañeros en el concierto: “Te doy una canción” junto a Silvio Rodríguez, “Para Vivir” junto a Pablo Milanés y una de las más preciosas canciones de amor que yo pueda conocer, “Paraules d’amor”, con el incentivo de hacerlo en catalán junto a Joan Manuel Serrat.

Muchas veces he escuchado decir que las canciones nos llegan en la medida que las hacemos nuestras y así lo creo. Hablar de las canciones de este disco es hablar de la memoria sentimental de una generación, o más bien de varias; porque todas ellas son más que canciones, son parte de la vida y de la historia de mucha gente. Sería un descaro por mi parte hablar de ellas de otra manera que no fuera desde el interior, no podría comentar las canciones en sí, sólo podría hablar de su significado para mí. Y tampoco de esta manera me atrevería, no sé que podría yo decir de “Pasaba por aquí”, de “Rosas en el mar”,de “Aleluya”, de “Las cuatro y diez”, de “A por el mar”, de “Queda la música”, o de “Anda”, y como podría explicar el sentido de canciones como “De paso” o “No te desnudes todavía”, “Siento que te estoy perdiendo” y “De alguna manera” o “Al Alba”, sin olvidarme de “Mira que eres canalla”.

En ellas vive un tiempo inolvidable para todos los que conocimos las canciones de Aute y las incorporamos a nuestras vidas. Y aunque esté escribiendo sobre ellas, estas canciones no son para comentarlas, son para escucharlas y para sentirlas; creo que aquellos que las conocen me darán la razón. Luis Eduardo Aute es una figura fundamental en la Canción de Autor, y este disco que se reeditó en CD en 2002 es una pieza clave en su discografía.

Canciones del disco:


Te doy una canción
Rosas en el mar
Aleluya nº 1
Rojo sobre negro
Las cuatro y diez
Amor, te digo esta palabra
Recordándote
El ascensor
Paraules d' amor
A por el mar
Queda la música
Albanta
De paso
Al alba
Padre
A vivir
Anda
No te desnudes todavía
Libertad
De alguna manera
Pasaba por aquí
Para vivir
¡Mira que eres canalla!
Dentro
Siento que te estoy perdiendo
Anda suelto Satanás
Entre amigos


Mª Gracia Correa

jueves, 30 de octubre de 2008

Estación Norte-Estación Norte



Volviendo a darle la razón a mi querido amigo Víctor Alfaro, cuando dijo –acertadamente por supuesto- que esta era la bitácora de los discos perdidos; razón que yo le había querido quitar en el comentario de Rebeca Jiménez, pues, una vez más, y para regocijo de Víctor, voy a comentar un disco difícil de encontrar aunque no imposible.

Estación Norte publicaron este disco, primero y único, en 1999, tras haber participado en el mítico disco colectivo “Cantautores: La nueva generación” con un par de canciones. El grupo integrado por Nerea Sáenz, Carlos Aguado y Gabriel de San Juan, entregó al juicio del público y de la crítica este trabajo que yo encontré algún tiempo después de su publicación, por casualidad, topándome con él en los cajones de cartón de una pequeña tienda de discos madrileña. Debo confesar que, como no tenía ni idea de quienes eran, pues compré el disco por dos razones muy poco románticas: primero porque era muy barato y segundo porque me parecieron muy agradables esos tres rostros sonrientes de la portada, así de sencillo.

Aunque de lo que cuento parece deducirse que el grupo ya no existe, es preciso indicar que actualmente Nerea y Carlos Aguado siguen con un proyecto común similar, solo que han cambiado de nombre. Ahora se hacen llamar Marte Menguante. Realmente del grupo apenas sé nada, que han hecho canciones para alguna serie de televisión... que Nerea no es de Madrid, sino del País Vasco, aunque esté afincada en la capital de España; y bueno, a Carlos Aguado sí que le conozco algo más, puesto que le he visto tocando la guitarra muchas veces, con la elegancia y eficacia que le es inherente, con Luis Felipe Barrio y Matías Avalos.

Volviendo al disco, es de notar la producción “bipartita”, pues, por un lado, la mitad de las canciones cuentan con la buena mano del maestro José A. Romero, y por otro, la otra mitad cuentan con la notable producción de Luis Gómez Escolar y Juan Ignacio Cuadrado. Y entre los músicos, por ejemplo, es digno de mención Fredi Marugán, que ha tocado con muchísima gente y en la actualidad está con Ismael Serrano; y también Paco Bastante, Andreas Prittwitz, Tino di Geraldo… sólidos músicos todos ellos curtidos en cientos de batallas musicales. A pesar de las dos producciones encargadas a productores diferentes, misteriosamente, el disco guarda una unidad de sonido que, para nada confunde al oyente, sino todo lo contrario, le hace disfrutar de una fluida coherencia sonora, incluso pese a que la inclusión de algunos instrumentos menos habituales pudiera hacer pensar lo contrario. Quizás eso se deba en gran medida a méritos del propio trío, con la encantadora sencillez de la voz, levemente nasal, de Nerea, siempre presente, o los juegos vocales que rondan todas las canciones del disco.

Es un disco de esos que tienen como rara y principal virtud, que pueden, casi me atrevería a decir que deben, ser escuchados en esas tardes lluviosas otoñales o invernales; en una habitación vacía de gente, con una buena taza de café o de té caliente entre manos, y, a ser posible, con una amable chimenea encendida. Bebidas las canciones a tragos largos e intensos, acercándonos de cuando en cuando a la ventana para contemplar -lánguidamente- como la gravedad cumple escrupulosamente su adusta ley, con las acuáticas perlas que caen de un cielo lóbrego hasta la calle o la tierra. Estoy convencido de que, en este sentido, esta música debe poseer algún tipo de propiedades curativas; tras una escucha así uno sale como mínimo fortalecido en su salud, física y mental.

¿Mis favoritas? Pues “Ojos tristes” distinguido ejercicio de pop de autor y “Tierra” delicada y hermosa tonada a las raíces de Nerea.

Canciones:

1.- Especie suicida
2.- Frío
3.- Cinco días de invierno
4.- Madrid descansa
5.- Ojos tristes
6.- Canción para volver
7.- Donde florecen los sauces
8.- Jugando
9.- Tierra
10.- Puertas blancas
11.- Sin pijama
12.- Letanías del desamor
13.- Especie suicida (acústica)




abuineitor







viernes, 19 de septiembre de 2008

El Último de la Fila-Enemigos de lo ajeno



Aunque creo que jamás EUDLF se autodenominaron cantautores, su propuesta me parece tan cercana al mundo de los mismos, que no me resisto a comentar uno de sus discos. Éste en concreto, que fue su segundo vinilo –aunque por ahí dicen que el tercero es mejor (yo disiento)- representa para mi una de esas obras imprescindibles en la historia de la música popular española.

Pero hagamos un poco historia. En España allá por la segunda mitad de la década de los años setenta apareció un disco de un grupo del sur que mixturaba música de rock progresivo (que era la moda mundial de entonces) con elementos tomados del flamenco. El resultado era original y con calidad y supuso un éxito que provocó que todas las discográficas se apresuraran a mirar debajo de las piedras para buscar grupos de características similares que pudieran competir o al menos sacar provecho del éxito de Triana, que así se llamaba el grupo del que hablo. La prensa –supongo- bautizó al fenómeno como rock andaluz, estilo que vivió prácticamente lo que duró la carrera de Triana hasta que muriese en 1983 uno de sus pilares fundamentales: Jesús de la Rosa.

Apenas dos años después, irrumpen, porque eso fue lo que hicieron, entrar en la actualidad musical como un ejército recién arengado por algún general visionario; irrumpen, como digo, Manolo García y Quimi Portet, con su proyecto común, extraño e innovador pero con evidente influencia de aquel rock andaluz que acababa de dejar de estar en el candelero. Curiosamente, nuestros dos protagonistas residían y eran de Cataluña, no eran andaluces.

Lo mejor de EUDLF y de este disco claro, es que en 1986 nadie, pero lo que se dice nadie, sonaba así: con esa estrafalaria mezcla de folk, pop, flamenco, música árabe, rock, toques experimentales, surrealistas incluso y unas letras sentidas y en no pocas ocasiones de una belleza abrumadora. En las letras encontramos, por un lado, la poesía y la influencia de la filosofía budista zen que creo es aportación de Manolo; por otro, los sencillos y preciosos textos de las canciones de amor de Quimi. No quiero comentar ninguna de las letras del disco porque las diez que lo conforman rebosan clase y maestría por los cuatro costados. Es de esos pocos discos que pincho en mi equipo de música y veo que soy capaz de cantar casi sin errores de principio a fin: no digo más.

Otra cosa que siempre he admirado ha sido la producción –del propio dúo- que rozando lo casero, pues se grabó en unos modestos estudios para la discográfica PDI, muestra un gran derroche de imaginación y de inteligencia en el uso de los limitados recursos de que disponían para grabarlo. De hecho, prácticamente todo está grabado por Manolo y Quimi que se ocupan de casi todo lo que suena: ruidos, voces, graznidos y demás efectos incluidos. Como curiosidad es preciso decir que poco después, dado el tremendo éxito del dúo, se fueron a Londres a volver a mezclar un surtido de canciones tomadas tanto de éste como del primer disco, que editaron bajo el nombre de “Nuevas mezclas”. Personalmente creo que se podían haber ahorrado el viaje, porque aunque las mezclas son correctas, se cargaron toda la espontaneidad y gracia de las mezclas originales. En fin, cosas del esnobismo de la época. Era costumbre –porque daba prestigio aunque grabaras en un cuchitril- irse fuera a grabar discos, como si en España no hubiese entonces buenos estudios, buenos técnicos y buenos músicos.

La historia de EUDLF termina en 1995 -tras la edición de siete magníficos discos- en que los dos componentes del dúo dan por acabada la andadura que comenzaron juntos. Por separado, Quimi ha editado varios discos en catalán, fiel a sus peculiaridades como autor-productor, y, Manolo, ha continuado con una carrera tan exitosa, como la que disfrutó junto a su compañero, aunque más predecible y reiterativa en unos esquemas, en mi opinión, ya agostados; carrera, por cierto, en la que paradójicamente, debe buscar hueco en las emisoras de radio entre la legión de torpes imitadores que le han salido: remedos que en su mayoría no le llegan ni a la suela de los zapatos.

Bueno, no me quiero extender mucho más. Solo recomendar a cualquier aficionado a la música que si no se ha acercado a este disco que lo haga porque es de esos cedés que hay que tener y escuchar con suma atención. Es una obra maestra, o eso me parece…

abuineitor

miércoles, 25 de junio de 2008

Tontxu-Corazón de mudanza



La discografía en solitario de Tontxu , hasta el momento, está formada por seis trabajos: Se vende (1997), Corazón de mudanza (1998), Con un canto en los dientes (2001), Básico (2003), Contacto con la realidad (2004) y Cuerdas vocales y consonantes (2005).

El único que no tengo es el último, Cuerdas vocales y consonantes, pero para quien tenga interés, puede escucharse casi en su totalidad en la página web del autor. De todos los discos, los que más conozco son Corazón de mudanza y Con un canto en los dientes, en ambos incluye canciones que me gustan especialmente, pero hablaré de Corazón de mudanza ya que es lo primero que conocí de Tontxu. El propio autor indica en su web que éste es el trabajo que menos acusaría el paso del tiempo, debido a lo atemporal de sus arreglos y contenido, agradeciendo esta cualidad al músico y productor Julio Pereira, que colaboró con él en este trabajo.

Si no recuerdo mal, las canciones incluidas en este CD, que se hicieron más populares, fueron "Treinta y tantos" y "Corazón de mudanza", ambas hablan de separaciones y comienzos, para mí unas letras muy acertadas en las que sabe describir a la perfección tales situaciones.

Me gustaría destacar "Gila", dedicada a ese artista, le hace un gran retrato, supongo que quien no conozca el humor de Gila no podrá entender de ninguna manera la canción, pero quienes disfrutamos de sus pequeñas historias, tan absurdas e inteligentes, podemos igualmente disfrutar de esta canción, que empieza con una de sus historias imposibles:

Nació, no había nadie en casa
y él nació.
Y con razón, su madre se enfadó:
"No quiero que se repita, y nazcas
cuando yo no estoy"…

Es un homenaje precioso, con un estribillo que lo resume de maravilla:

Camisa roja como el corazón,
tu vida se merece una canción,
tus cintas guardo en un cajón

En realidad este disco me gusta casi al completo, todas las canciones tienen su punto, otras dos que destacaría son "Mientes" y "Madrid-Barcelona":

Ojalá que el destino me vuelva a traer,
yo prometo llamarte, no lo olvidaré
que lo tuyo y lo mío me huele ‘molt bé’
todavía no la he vuelto a ver.

Pero aunque esté hablando de Corazón de Mudanza no quiero dejar pasar una de las canciones de su disco Con un canto en los dientes, que tiene mucho de especial para mí y seguramente para todo el que se pare a escucharla, "Que haría yo sin ti" que la dedica en su disco a Marina Rossell, a Rogelio Botanz y a Violeta Parra, porque ¿Quién no tiene que darle gracias a la vida?...

Y para terminar, vuelvo a Corazón de mudanza con una última canción, que como el cantautor explica: "Puedo ser yo, puedes ser tú, pero seguramente será otro. A Libertad 8, es "Aplausos", y que a mí me gustaría dedicarle (con permiso del autor) a todos los amigos que he tenido la suerte de conocer y que se dedican a eso de hacer canciones:

Tuvo la suerte de encontrarse una guitarra en el salón,
y el misterioso don de darle vida a una canción,
el miedo de cantarla un día desapareció,
y a base de enfrentarse con el público aprendió.
Entonces llegaron las flores y regalos
lo bueno y lo malo que tienen los aplausos.
Tuvo y todo lo que tuvo lo ha dejado de tener,
pero a pesar de todo no dejó de componer,
anoche me contó que ha terminado una canción,
que nadie por desgracia escuchará y es la mejor..

Corazón de mudanza está publicado por EMI-ODEON S.A. en 1998. Todos los temas compuestos por Tontxu.

Canciones del disco:

Que fue aquello
Treinta y tantos
Temprana
Madrid-Barcelona
Corazón de mudanza
Mientes
Aplausos
Gila
Todos dicen te quiero
Copas en un bar

María Gracia Correa

viernes, 20 de junio de 2008

Rebeca Jiménez-Todo llegará


Una vez dijo el genial Víctor Alfaro que ésta era la bitácora de los cantautores perdidos (o algo así). Sin quitarle ni un ápice de razón –que la tiene- este comentario va a desmentir esa apreciación, espero, porque va a tratar de una de las novedades de este año 2008, de mayo, nada menos. Y es por culpa, o mejor, gracias a Víctor, que yo he descubierto hace bien poco a esta cantautora segoviana, afincada en Madrid.

 

Este es un disco de estreno de un carrera, confiemos que larga, como cantautora, de alguien que ya lleva tiempo tocando e incluso trabajando para músicos de diverso pelaje. Lo primero que llama la atención es la portada: un magnífico retrato en blanco y negro del perfil de Rebeca Jiménez que ya anuncia un fuerte carácter. Una melena lacia y algo salvaje; una mirada perdida, unos labios agridulces; una frente ancha e inteligente como para colmarla de besos paternales y una nariz con una vigorosa personalidad, solo comparable a la que tiene su sólida y rota voz, siempre cabalgando por encima de un porfiado piano que ella misma se ocupa de tocar.

 

Es curioso porque lo que más me gusta de ella, su hechizante y fascinante manera de cantar, parece una especie de evolución personal tras la escucha de intérpretes muy significadas que no enumeraré. Y lo comento, porque hace tiempo (en you tube se puede ver) Rebeca hizo una versión de “Chica de ayer” de Nacha pop, que no tiene nada que ver con lo que a día de hoy ofrece: sonido americano a raudales, algo de rock y soul de manual y mucha pasión y credibilidad en lo que cuenta y en lo que canta.

 

Pese a que con este disco creo que se inicia un más que prometedor discurso vital-musical, estoy convencido de que a Rebeca le queda todavía mucho camino que recorrer (especialmente como letrista) y muchas sorpresas musicales que regalarnos.

 

1. “No sé si lo hice bien” 

2. “Antes de marchar” 

3. “Te queda mi amor” 

4. “Despertarme contigo” 

5. “Tú o nadie” 

6. “Calada hasta los huesos” 

7. “Nada importa tanto” 

8. “Todo llegará” 

9. “Nefertiti blues” 

10. “Avión en picado” 

11. “Para volar” 

12. “Me emborraché de ti” 

13. “Acaba de empezar” 

 

Mi corazoncito se siente subyugado con canciones como “Te queda mi amor” que me recuerda a los Fleetwood Mac en su feraz etapa matrimonial; o con “Nefertiti blues” que tiene una atmósfera tan densa que se podría engullir a cucharazos cual papilla infantil (bravo por Rebeca y por el batería).

 

La eficaz y algo cruda producción corre a cargo de Carlos Raya, productor (y guitarrista) habitual de Quique González. Las tomas (¡bien!) en directo en gran parte; con entregados músicos acompañando, aunque, a veces, se echa de menos alguna que otra sorpresa en forma de instrumento,  o que en las baladas, por ejemplo, el guitarrista –que no es Carlos, creo, sino su hermano Mario- utilice algún efecto distinto del trémolo.

 

Y sí, ya sé que Rebeca cantó en “Kamikazes enamorados” el disco más desabrido y atribulado de Quique González, pero no se parece a él cantando como dicen por ahí, sino a Carlos Chaouen... o eso me parece a mi.


abuineitor

 

domingo, 1 de junio de 2008

Amancio Prada-Navegando la noche

Caballo blanco
Novia de leche
Rey de tu vientre
Mariposa
Tengo en el pecho una jaula
Otoño
Vieja dama
Semáforo
Almohada

Algunos cantautores pueden contar en su anecdotario personal que han conocido a fulanito o a menganito, o que han cantado cumpleaños feliz a zutanito; sin embargo, pocos pueden presumir de haber compartido escena con el mismísimo George Brassens (en 1973), padre de la canción de autor moderna. Bien, pues Amancio Prada pertenece a esos pocos privilegiados.

Este dato por sí solo ya nos da una idea de la calidad del personaje del que estamos hablando. Así lo han visto aquellos que han reconocido en su obra un gran talento y un perfeccionamiento sin igual, y le han otorgado, consecuentemente, meritorios premios y reconocimientos a lo largo de su ya lata carrera.

No obstante, como aquí de lo que se trata es de comentar discos, no vamos a enumerar sus merecimientos. Y por lo tanto, voy a comentar un disco con el que me he tropezado casi por casualidad hace escasamente una semana, aunque fue editado en 1988. Este disco tiene la peculiaridad de que no hinca sus puntales en textos de poetas clásicos como ya hiciera antaño Amancio con San Juan de la Cruz, Federico García Lorca o Rosalía de Castro; sino que nace como resultado de una feraz colaboración con el conocido escritor y columnista de diarios y revistas Manuel Vicent.

Según tengo entendido, las letras tienen su origen –precisamente- en columnas escritas y publicadas en un periódico con anterioridad, y son elaboradas por ambos, cantautor y escritor, para convertirlas en canciones. Lo que en principio puede parecer una tarea singular y un punto ímproba, pues sorprendentemente arroja como resultado unas canciones espléndidas, tinturadas de una melancólica poesía urbana que la meliflua y saudadosa, valga la palabra, voz de Amancio no hace sino acentuar. Y menciono esto porque la gran protagonista de la grabación es la ciudad, no importa en realidad cual, vista con los ojos de quien la conoce bien y la ama, así como ama a los distintos personajes, de muy diferente pelaje, que la habitan y le dan razón de ser en suma. Tema este, perfectamente amalgamado y trabado con una música siempre elegantísima y suavemente pop; ornada con dulces guitarras y suaves percusiones por encima de las cuales reina una voz contenida pero extraordinaria: la siempre prudente y tierna voz de Amancio.

Curiosamente el disco se llevó al directo por parte de los dos autores, escritor y cantautor, en la Universidad de Málaga, combinando la lectura de los textos originales con la interpretación de las canciones en que se convirtieron. Una propuesta muy particular, muy especial sin duda, y a la que lamento no poder haber asistido.

Esta vez no quiero comentar las canciones porque tras escuchar repetidas veces el disco (cd) he llegado a la conclusión de que es mucho mejor ir descubriendo las delicias musicales que oculta lo más libre de juicios o prejuicios posible, de la manera más inmaculada posible. Y vale. Que suene la música...

abuineitor