Hay una historia sobre Antonio de Pinto que me encanta. Antonio aprendió a tocar la guitarra ya mayorcete porque se hizo cantautor bastante tarde (con lo que se ahorró de paso toda la etapa de ingenuidad y bisoñez previa por la que pasa todo artista). De hecho, Antonio era aficionado a escuchar música de un tipo bien diferente, a saber, lo que ahora se suele denominar rock sinfónico –en su época lo llamaban progresivo- y ¡oh sorpresa!, lo que conocemos como rock duro en sus más variadas variantes estilísticas. Fue una vez, si me equivoco que me desmienta alguien, en su juventud universitaria, cuando Antonio les dijo a unas compañeras (supongo que aficionadas a la canción de autor) que él era cantautor. Ignoro que cable se le cruzó por la cabeza a nuestro protagonista para lanzar semejante bola, pero el caso es que, para no desmentirse a sí mismo o por creerse su propia mentira o por pique por aquello del “oye, y si de verdad…” o por qué sé yo… Antonio se hizo cantautor. Así es como un capricho del destino hizo que lo que perdió el heavy metal lo acabó ganando el cantautorismo. Y qué bueno, porque estoy persuadido de que Antonio hubiera sido un excelente músico cualquiera fuera el estilo que hubiera elegido (lo único que no consigo imaginármelo con el pelo muy largo…).
Quizás, a causa de todo esto que he narrado, Antonio tiene la gran suerte de haber encontrado un estilo propio tan personal que en cuanto que uno escucha una canción suya ya sabe que se trata tanto de una canción de su autoría como interpretada por él, con su peculiar forma de cantar, una sutil mezcla de sensibilidad, ira e ironía que habitan dentro de una única e irrepetible voz. Es además nuestro cantautor un perfecto artesano de la canción; siempre entregado con mimo a rematar una melodía, una letra, hasta darle el último y definitivo toque maestro.
Canciones:
1.- Curriculum
2.- El invento
3.- Cuando apagas la luz
4.- La vida según...
5.- Nueve minutos y medio
6.- En sol mayor
7.- Ritual
8.- Canción a mi cola
9.- En tu sangre
10.- Cuando llegue el día
11.- Agua de mar
12.- Canción para Pablo
13.- Y quedarme sentado
14.- Qué le pasa a esta canción
El disco que comento, tercero y último por ahora, está grabado y producido (¿por primera vez de productor?) por su amigo Ismael Serrano en su estudio de grabación “Los paraísos desiertos”. Los músicos que intervienen son los habituales en el entorno de Antonio, así es que no faltan ni Marta de la Aldea haciendo sus encantadoras voces ni Antonio Toledo con sus precisas guitarras y demás, porque no solamente toca la guitarra de órdago, si no que se atreve hasta con instrumentos exóticos como el bouzuki.
Destaco varias canciones como “El invento”o la genial “La vida según...” que nació, como el propio autor cuenta en sus conciertos, de un mensaje que recibió de correo electrónico; en la letra explica como podría ser la vida si empezaramos al revés –es decir- nacieramos viejos y fueramos rejuveneciendo paulatinamente. Sin embargo mi preferida es “Cuando apagas la luz” porque creo que se trata de un dulce manjar en donde la música y la letra se perfeccionan una a la otra, con un estribillo que me sabe a pura delicatessen:
¿Por qué no apagas la luz?
Que me falta el aire
Me faltan algunas cosas
Que tienes, ya ves
Me faltas del sueño
Quiero que vuelvas
Tal como te imaginé
Me faltas del día
A veces dudo, pruebo a tocarte
Y solamente sé que eres tu
Cuando apagas la luz.
El disco incluye un extra: un video grabado en el local de conciertos La Mala de su mítica canción “Espantando palomas” tema éste que apareció en aquel no menos mítico disco titulado “Cantautores: la nueva generación” hoy inencontrable, en donde aparecían muchos de los cantautores que posteriormente hicieron carrera y hoy son muy populares.
En fin, un cantautor sensible, curtido ya en muchas noches de trova, y sólido como una casa cimentada sobre una roca; muy conocido en el circuito madrileño y que quien no tenga todavía el placer de conocer, que lo haga porque de verdad que es de los que dejan con la boca abierta después de un concierto. Antonio vive en el barrio de Lavapiés, no digo más, será por eso que su música suena a todas las músicas y al mismo tiempo tan genuina y castiza, tan nuestra.
abuineitor





